Año funesto para la prensa

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Un reportero radial ha sido asesinado en Haiti, el segundo en este año, elevando a 14 la cifra de periodistas que han caído abatidos en distintos países de América Latina en lo que va del 2019.

Nehemie Joseph, de Radio Panik FM en la ciudad de Mirabalais, apareció con tres tiros en el baúl de su automóvil, días después de haber denunciado amenazas contra su vida, sin haber merecido la debida protección de las autoridades.

Cuatro meses atrás, el reportero radial Rospide Petion fue mortalmente baleado por un desconocido, en el marco de unas manifestaciones de protesta contra el gobierno de Jovenel Moïse, en la que también otros cinco periodistas resultaron heridos.

Los ataques contra la prensa son constantes en Haití, donde impera la más absoluta impunidad. Ni se investigan a fondo estos crímenes ni se castigan a sus ejecutores o instigadores.

Tal es el caso del reportero gráfico Vladimir Legagneu, desaparecido hace un año. Un cadáver fue encontrado en el barrio donde el reportero fue visto por última vez, pero las autoridades no han revelado el resultado de las pruebas de ADN para determinar su identificación.

Pero así como en Haití es inexistente la protección y seguridad de periodistas, así ocurre en países como México, Brasil, Colombia y Honduras, donde este año han caído 13.

Fuera de estas agresiones directas, predominan otras, como los actos de intimidación, confiscación de equipos, expulsión de sus países, encarcelamiento y todo tipo de amenazas.

El catálogo de atropellos, al que se añade el de las múltiples restricciones legales que procuran alentar un estado de censura previa, es tan nutrido que ha llevado a la Sociedad Interamericana de Prensa a declarar este 2019 como un año funesto para el periodismo libre.

En su 75 Asamblea General recién celebrada en Miami, la SIP conoció reportes de innumerables episodios que configuran un ambiente de extrema precariedad para el ejercicio de la profesión amenazada, no solo por las intolerancias de gobiernos o dirigentes autocráticos, sino por fuerzas oscuras del crimen organizado.

El cierre de diarios y portales de internet, los bloqueos aduanales que impiden a periódicos importar papel y otros insumos, la interferencia de trasmisiones radiales y televisivas, son pruebas del peligro bajo el cual se ejerce el periodismo en las Américas.

 

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