El culpable no es Gonzalo sino Danilo

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Gonzalo Castillo gozaba de una altísima valoración como ministro de Obras Públicas. Todos en el entorno de Danilo Medina y en los medios de comunicación donde favorecía, lo conocían como el Poderoso Ministro.

Se había caracterizado por ser un ministro de bajo perfil, hombre de confianza del presidente. Decían que cuando el presidente Medina iba a un lugar y había que resolver algo de forma inmediata, era Gonzalo quien corría con el compromiso de forma express, hasta sin el más mínimo apego a la ley.

Gonzalo sabía lo que se aproximaba si Danilo en el 2015 no intentaba buscar su repostulacion. Punta Catalina ya había iniciado su ejecución y se habían amarrado muchísimos acuerdos con ella. Por eso Gonzalo junto a otros muy cercano al presidente fueron las voces principales de la primera reelección.

Era tanta la confianza que cuando el ministro intentó por primera vez impulsar una candidatura a la presidencia por las razones expuestas, en el 2015, mandó a sus tropas a retirar toda una campaña (o al menos un intento de ella) de las redes sociales, por mandato de Danilo, porque la reforma estaba a punto de consumarse.

Llegué a escuchar a alguien decir :“Gonzalo mandó a cancelar todas esas cuentas porque tiene muchos compromisos con la ley, se habían gastado millones del ministerio sin ningún tipo de justificación porque todo lo que Danilo pedía él lo hacía. Si Danilo mandaba a construir una casa, él lo resolvía de forma inmediata.”

Luego de abstenerse de intentar buscar una brecha para colarse como candidato, siguió siendo el hombre que, bajo perfil, mantenía cohesionado un grupo de adeptos a su proyecto. Se decía, luego de lograda la reelección, que muchos empresarios se paseaban por su oficina privada. Si, aún como ministro seguía al frente de sus negocios privados.

El 31 de julio por fin decidió lanzarse al ruedo por pedido del presidente sin saber en la “camisa de once varas” en que se metía.

Desde entonces su popularidad como ministro ha descendido a tal punto que, en todas las encuestas, comparadas con su alta valoración como ministro, lo contravienen en un enorme descenso difícil, aparentemente, de interrumpir.

Ha metido la pata en numerables ocasiones y parece no poder coordinar sus ideas de lo que quiere plantearle a la sociedad como aspirante a la nominación presidencial. Desde los ejes de su campaña hasta su parecer con respecto al narcotráfico, el aborto, la participación de la mujer y la justicia.

Desató el repudio y rechazo social cuando su equipo de campaña trazó una estrategia para dar a conocer su figura más allá de su círculo íntimo y colaboradores, con una publicidad agresiva a través de las redes sociales y medios digitales. Según expertos, en tan solo un mes los “view” en las redes sobrepasan los diez millones de reproducciones, equivalente a más de 100 millones de dólares.

Lanzar a Gonzalo obligó al retiro de hombres con años de experiencias de Estado como Amarante, Reinaldo y Domínguez Brito, quien no conforme, éste último, ha aceptado los aparentes “resultados” de una encuesta que lo eligió por encima de todos los demás.

El As de Danilo siempre fue su hombre de confianza, que sin ninguna luz que ennoblezca sus aspiraciones, era el más idóneo para manejarlo a su antojo y convertirlo en su sombra.

El culpable no es Gonzalo, sino Danilo.

*El autor es ingeniero, comunicador y político*

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